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Capítulo 3

Cuando los teatros están, pero la gente no va

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¿Cómo se entiende la financiación de las salas teatrales en la ciudad y cómo se invita a las personas a ver teatro? Las constantes preguntas del gremio teatral.

A unos pocos pasos del parque del Periodista, entre la avenida La Playa y Maracaibo se encuentra una puerta antigua, de esas de 2 metros, de madera, teñida de púrpura y amarillo, con una ventanilla de hierro que da antesala a otro de los teatros que pasan desapercibidos para muchos de los oficinistas, secretarias, enfermeras, estudiantes y obreros del centro de Medellín; se trata del Teatro Oficina Central de los Sueños.

Al interior de la casa, por sus baldosas rojizas y paredes repletas de cuadros con obras cúlmenes se encuentra Jaiver Jurado, presidente de la Asociación Medellín en Escena, director del Teatro Oficina Central de los Sueños y miembro del Concejo Municipal y Nacional de Teatro. En sus palabras abundan las críticas hacia los planes del Gobierno y la Alcaldía sobre la participación a nivel local y nacional en los teatros. “La formación de los públicos en la ciudad ha sido muy intermitente, no ha habido planeación para ello ni de parte del gremio ni de parte del gobierno. Está estancada; ha crecido la oferta, las salas y los grupos, pero no han crecido los públicos”.

Jurado, cree que la educación “tiene un divorcio” con las artes escénicas y la cultura, “El sistema educativo va por un lado y la cultura y los artistas van por otro, mientras estas dos dimensiones no dialoguen es imposible crear nuevos públicos”. En su agenda de inconformidades añade un segundo elemento que atañe a las políticas públicas que 

para el líder teatral solo se han enfocado en “darle unos dineros a algunos teatros y museos o un dinero a lo que llamamos ‘Salas Abiertas’”. Y aunque no toda la culpa va para las entidades públicas, Jurado señala el tema de la creación como una página o un lienzo en blanco, un escenario vacío, esa lucha por una dramaturgia nacional a veces se siente truncada porque no hay una política pública con relación a becas de creación.

Hace énfasis en que los programas como Salas Abiertas  y Salas Concertadas (Convocatorias de estímulos económicos de la Alcaldía de Medellín y el Gobierno

Nacional para asignar recursos a los grupos con salas teatrales) no se deben pensar ni organizar como ‘concursos’ que se tengan que repartir entre muchos de los teatros de Medellín.

En Olvido en Escena le preguntamos a varios de los teatreros de la ciudad cuánto gastan los teatros que direccionan mensualmente, a lo que muchos nos respondieron que entre 20 a 30 millones: en estos incluyen, servicios públicos y arrendamiento de las casas (que muchas veces son viviendas antiguas y grandes), pago a los artistas, con ARL, salud y viáticos, empleados del aseo, logística y más los insumos de funciones y temporadas; lo que equivaldría —en el caso de la  Oficina Central de los Sueños— a tres meses de manutención si ganaran la convocatoria de Salas Abiertas en Medellín.

Aunque para muchos de los directores que llevan años en la puesta en escena no son suficientes los planes del Gobierno, con la pandemia, alrededor de 40 salas originaron un Plan de Salvamento en 2021 entre salas de gran, mediano y pequeño formato para pedirle a la Secretaría de Cultura y al secretario Álvaro Narváez, medidas que alivianaran la

decaída económica de este sector como: exención o descuento de los servicios públicos, revisión y modificación del desembolso de las entidades ganadoras de las convocatorias públicas, aumento de los aforos y la gestión de un Fondo de Salvamento Cultural ante el Concejo de Medellín, pero lo que argumentó Jaiver Jurado, líder de la propuesta, fue que “Nunca se dio respuesta”.

Públicos, ¿una cuestión cuantitativa?

Unas cuadras más al sur, en la calle Pichincha, está el Teatro Popular de Medellín que con sus 43 años y una escuela teatral con más de 35 años concibe la idea de formación de públicos como el eje pilar para la gestación teatral en la ciudad.

Iván Zapata, director de la sala enfatiza en que “el gran problema del teatro en el siglo XX ha sido el problema del público”, las vertientes del enigma para Iván se vuelcan hacia la cantidad de opciones que hoy en día tenemos para el ocio, existen diferentes alternativas para lo que más nos gusta a los seres humanos y es que nos cuenten historias. 

Zapata también analiza la sociedad colombiana en la que “La gente puede estar aguantando hambre, pero le importa más si Colombia clasificó o no al mundial… y si tiene un dinero, va y se emborracha ese día, entonces actividades como el teatro quedan relegadas”.

Pero más allá de definir las costumbres de un país, nos preguntamos: ¿Qué es un público?, ¿Por qué es tan importante pensar en este factor para las salas de teatro en la ciudad? Iván Zapata lo expresa como esas personas que no solo asisten a una de las obras porque lo obligaron del colegio o porque un familiar o un conocido está actuando, sino que terminan yendo más de una vez y son constantes.

“No podemos medir la formación de públicos de una manera cuantitativa, nosotros tenemos que medirla de una manera cualitativa, es decir, ¿Tenemos personas que asisten a teatro y tienen esa capacidad de análisis y de discernimiento frente al hecho teatral?, ahí todavía nos falta mucho, ahora, la Alcaldía y el Gobierno pretenden que nos encarguemos de esa formación, no, eso no es menester del artista”, anotó Zapata.

Iván Zapata enfatiza en que las políticas culturales es lo que el Gobierno debe de incentivar, hace alusión a los artículos 70 y 71 de la Constitución Política de Colombia en el que el deber de promover y fomentar el acceso a la cultura es parte fundamental del Estado.

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