
Capítulo 2
Olvidar la taquilla y a concursar

En medio de deudas, las casas de teatro comunitarias luchan por sobrevivir y no abandonar a sus comunidades.
¡Click!
Se enciende la única luz de la sala negra, bajo su halo hay dos hombres en la mesa de un bar.
— “No somos historia, somos memoria contra el olvido”.
Ni una voz, pero el pueblo camina por el escenario mientras dos figuras negras, acompañadas de luces rojas los desaparecen uno a uno, sin piedad, frente a testigos sin voz y sin remordimientos.

Fotografía tomada por Maria Alejandra Sierra. 2022.

Fotografía tomada por Maria Alejandra Sierra. 2022.

Fotografía tomada por Maria Alejandra Sierra. 2022.

Fotografía tomada por Maria Alejandra Sierra. 2022.
Entre lomas y dentro de viejas casas coloniales se esconden los teatros comunitarios de Medellín. Con una historia de violencia que parece ser eterna y revivida por un nuevo paro armado, La ciudad aún sangra por las mismas heridas del conflicto, las bandas y el narcotráfico, pero el teatro está acá para intentar sanarlas o hacerlas visibles, cuanto menos.
No se trata de salvar vidas, sino de cambiarlas, darles un lugar, escucharlas, entenderlas y ofrecerles un escape en medio de una ciudad caótica en la que siempre, en algún rincón no cesan de escucharse los gritos y los disparos. Juan Álvaro Romero es el director de la Corporación Teatral Ziruma que, ubicada en la Comuna 8, se encuentra rodeada de una demografía muy particular en la que sus obras pueden ser vistas por desplazados, personas clase media o alta, víctimas del conflicto, de la violencia barrial, etc.
Según él, lo que diferencia a Ziruma de cualquier otra corporación, es el hecho de hacer teatro comunitario: “Ziruma tiene ese sentido social y humano; todas las obras que aquí escribimos nacen de un centro de composición dramática, es decir, las obras que ustedes vienen a ver manejan la comedia, la tragedia, el drama, pero no somos como la comedia del Águila Descalza, nuestro enfoque es todo lo que se da a partir de los barrios, los desplazados, lo que sucede en los jóvenes…”.
Esa es la labor del teatro social en nuestra ciudad: narrar las realidades adversas que de otra forma serían olvidadas, subyugadas, invisibilizadas, hasta censuradas. Este tipo de dramaturgia tiene un valor inigualable para la construcción de tejido social. Sin embargo, a los ojos del Estado y las iniciativas que financian para la construcción de paz,

Ubicada en la comuna 8, Villa Hermosa, se encuentra Ziruma, el único teatro del barrio. Fotografía tomada por Maria Alejandra Sierra. 2022.

Ubicada en la comuna 2, en el barrio Santa Cruz se encuentra la Corporación Teatral Nuestra Gente, un teatro invaluable para la comunidad en el cual, cada temporada, pueden verse largas colas para entrar a la sala. Fotografía tomada por Maria Alejandra Sierra. 2022.

Ubicada en la comuna 8, Villa Hermosa, se encuentra Ziruma, el único teatro del barrio. Fotografía tomada por Maria Alejandra Sierra. 2022.
memoria, etc. Este arte parece ser invisible, lo que afecta profundamente la capacidad de financiación de las salas que trabajan desde la dramaturgia social.
Catalina Murillo, directora del Pequeño Teatro y el director de la Corporación Teatral Ziruma, coinciden en que hay un vacío enorme en las iniciativas a las que podrían presentarse las diferentes salas. Para ellos es fundamental abrir la posibilidad de que las diferentes secretarías ofrezcan incentivos a obras que visibilicen problemáticas en su área. “Ziruma tiene tres obras que hablan de la mujer, tres obras que podrían participar en iniciativas de la Secretaría de la Mujer. También tenemos la obra Clóset, que podría participar en iniciativas de equidad de género, pero esas cosas no se ven como un valor agregado”.
Los costos de esta labor son exorbitantes; pocos son los teatros de la ciudad que sobreviven de taquilla y con unos gastos —de acuerdo con los números que nos dio Juan Álvaro— que pueden superar los 80 millones de pesos anuales, solo para mantener el escenario, es decir, sin realizar ninguna obra ni evento, esto se convierte en una tarea titánica. Además, al número anterior debemos sumar unos 14 o 15 millones que cuesta producir una sola obra de teatro… no es agradable, pero es una realidad que el teatro social sobrevive por cuenta de las convocatorias que lanza el Estado, el problema es que estas son insuficientes y no están aseguradas, siempre hay la posibilidad de quedar fuera de los ganadores.
Este tipo de iniciativas se ven cada vez más cerca de la desaparición, pues generalmente funcionan cobrando entradas que no superan los 15 mil pesos, además de aceptar el trueque como una posibilidad para comprar el tiquete de ingreso. No es gratuito que organizaciones como Canchimalos se hayan tenido que desintegrar, según lo relatado en un artículo de El Colombiano, debido a la falta de apoyo estatal.
Por lo anterior Juan Álvaro afirmó que “todas las casas de teatro estamos en la cuerda floja… Tenemos que estar mordiéndonos la uñas esperando siempre a ver si pasamos a las convocatorias para poder decir: ‘respirás’ porque al menos podemos pagar la casa”. Pero las convocatorias tardan mucho tiempo en definir a los ganadores y, a veces no quedan en la lista por lo que se ven obligados a recurrir a préstamos con terceros que cobran intereses altísimos y que solo complican aún más la labor, sin contar con que la Alcaldía, desde su nueva administración, parece no interesarse por escuchar las quejas de los teatreros, dejándolos una vez más, solos ante un panorama desolador y caro, muy caro.